Hace mucho mucho tiempo **FX PAJARILLOS DE CUENTO DE HADAS**, exactamente en 2007, entré en la vida bloguera (yo siento que fue hace más de tres años, pero los archivos no engañan…), acompañadita de un grupo de personitas bastante peculiares.

En ese entonces, muchos querían una “parcela” de la casa de blogs de Chilango, Ciudad de Blogs, pero pocos la obtenían.

Ahí vivía un Maléfico que vivía en el desierto, estaba casado (primero), luego separado, lo entrepiernado con mil millones de especímenes femeninos y era querido por muchos (y jitomateado por muchas).

También ahí vivía una Valentina que habitaba Barcelona, una Coneja que era Chilanga, una Roro que antes no odiaba odiar y la hacía de RP de bares, un jovencito ejecutivo que se hacía pasar por Gigoló, un escritor que vivía tocando el claxon, un atleta de sillón, un aventurero extremo, una rubia que amaba los libros, vivía en D.F., soñaba con ser editora y vivía entre Puras Letras.  Gomís era un bloguero famoso en Sudamérica por una telenovela llamada Zorro, un escritor empedernido y por su pelona mente no pasaba aún hacer una stand up en México (vivía en Colombia). Había un barbudo no definido, un oso que reflexionaba y una chica con un rico surtido. Ah, por supuesto, una Lady Zen que nos dejaba pedazos de su historia.

Pero también  visitaban otros personajes; por ejemplo, un trío de admiradoras de Gomís, la Brava, la Gurisa y, obviamente, la Chilosa; que pasaban y dejaban comentarios, hacían videos y se convertían en amigas. También dos “J”, Jane y Jolie, que, confieso, se me confundían al principio.  Estaba un niño Sateluco que tenía rizos sobre la frente y posteaba sus borracheras, un tal Don Rul que hacía dibujos de conejos y no tenía Twitter, Ross se vestía de huevo y Dan comentaba acompañado de churros y palomitas.

Y no eran todos… ¡había muchos más! Así la ciudad iba y venía…  pero un día fatídico un terremoto cibernético la atacó, la hundió, cual fenómeno meterológico. Cada uno huyó a nuevas parcelas y ahí se quedó, perdido en su propio rincón…

… hasta que llegó Twitter.